Los iberos seguían el rito de la incineración y enterraban a sus muertos en necrópolis, situadas cerca de los poblados. Las necrópolis más corrientes consistían en fosas donde se colocaba una urna con las cenizas del cadáver después de la cremación junto con elementos personales (Joyas, hebillas de cinturón...).Junto a la urna con las cenizas se colocaban ofrendas: vasos cerámicos que debían contener alimentos o líquidos, armas o instrumentos de trabajo. En la zona más meridional del mundo ibérico se han encontrado tumbas de cierta monumentalidad con sepulturas de pequeño tamaño, rectangulares o cuadrangulares (Pozo Moro, Albacete) y otro tipo de tumbas de carácter tumular, con gran acumulación de piedra no trabajada.
Una característica de los cementerios iberos es la relativa igualdad de las tumbas sin distinguirse claramente las diferencias entre las de los jefes y aristócratas y las del resto de enterrados.
Suelen aparecer en las necrópolis algunas esculturas funerarias en piedra que representan animales más o menos reales y fantásticos (Bichas) y otras esculturas humanas (Dama de Elche).
Otra característica de la religión ibera es la presencia de santuarios cercanos a algunos poblados o, dentro de ellos, situados en la parte alta. También han aparecido otros en pequeñas cuevas o abrigos. Son de pequeño tamaño, por lo tanto, no llegan a considerarse templos y en ellos se realizaban distintos ritos que se mantuvieron durante la ocupación romana. En ellos se han encontrado ofrendas en forma de figurillas de barro (masculinas y femeninas) o bronce y vasitos de pequeñas dimensiones.
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